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Evidencias basadas en la medicina

Vacunas… ¿qué pasaría si?

Muchas cosas se hablan en relación a este tema. Pero, ¿son malas las vacunas? ¿Producen autismo? ¿Cómo actúan? ¿Por qué tengo que bancarme el pinchazo ése?

“Si quieres salvar a tu hijo del polio puedes rezar o puedes vacunarlo… Aplica la ciencia.”

Carl Sagan

De chico vivía más en la casa de mis abuelos que en la mía. Es que la casa de los abuelos tiene otro clima. En uno de esos días comunes en la vida de todo niño en etapa de crecimiento, recuerdo haberme hecho una pregunta hermosa: ¿Qué pasaría si…? Fue mi obsesión con el fuego lo que me llevó a experimentar con el alcohol etílico. Como te debés imaginar, no fue buena idea, casi incendio la casa de mi abuela (literalmente). Yo estaba maravillado: el calor, el color rojo intenso, el movimiento de las llamas. Era mágico. Gritos y fuego, mucho fuego. La parte de los extintores fue un show muy lindo de ver, pero me gané el reto de mi vida. Después de eso aprendí lo que significa que una sustancia sea inflamable y, bueno, lo que significa un BUEN reto. Hoy puedo decir que estoy recuperado, ya no incendio cosas por la vida.

A lo largo de la historia hubo mucha gente que se preguntó lo mismo que yo, pero, obviamente, con resultados muchísimo más productivos. El mundo no sería como lo conocemos actualmente sin personas que se hayan preguntado en algún momento “¿Qué pasaría si…?”. Preguntas que marcan un antes y un después en el desarrollo de la sociedad. Y, sin dudas, el descubrimiento de la vacuna así lo fue. Basta con decir que no hubo avance en la medicina que haya logrado salvar tantas vidas como las vacunas para tomar consciencia de la magnitud del asunto.

En este caso, fue el señor Edward Jenner, un médico rural de Inglaterra en plena epidemia de viruela, quien en 1796 se preguntó ¿Qué pasaría si…? Básicamente, observó que las mujeres que ordeñaban vacas a veces se enfermaban de viruela vacuna, una forma de viruela mucho menos mortífera que la humana. Lo que más le llamó la atención fue que estas mujeres ya no podían enfermarse de la viruela humana. Edward se dejó llevar por sus instintos y se preguntó ¿qué pasaría si saco un virus de la mano de una ordeñadora, lo inoculo en el brazo de un niño, dejo que se enferme y luego de un tiempo intento inocularle un virus de viruela humana? No sólo se preguntó, sino que lo hizo. El pequeño mostró síntomas de la infección de viruela vacuna y 48 días más tarde, el doc le inyectó al niño viruela humana, pero esta vez no mostró ningún síntoma o signo de enfermedad. Años más tarde, Louis Pasteur desarrolló la vacuna contra el ántrax (Bacillus Anthracis) y en 1881 hizo un experimento en carneros, donde todos los vacunados sobrevivieron y los otros no. En ​​honor a Jenner, Louis Pasteur propuso los términos de vacuna y vacunación. Si, un genio.

Pero, ¿cómo funcionan las vacunas?, ¿a través de qué mecanismo mágicamente salvan millones de vidas?

De inmunidad hablamos

“¿Qué hago acá? Pensar que podría estar viendo un capítulo de Phineas y Ferb”.

Para comprender cómo actúan las vacunas, primero tenemos que hablar un poco de inmunidad. La inmunidad se entiende como la capacidad del organismo de hacer frente a diferentes tipos de microorganismos y evitar la mayor cantidad de enfermedades posibles.

Hay diferentes tipos, pero la que nos importa en este momento es la inmunidad adaptativa. También conocida como inmunidad adquirida o específica, es la que va modificando (o adaptando) a lo largo de nuestra vida, según la exposición que tenga el organismo a los diferentes agentes patógenos. Una gran parte de esta inmunidad se la debemos a los linfocitos B, las células encargadas de producir los famosos anticuerpos (también llamados inmunoglobulinas). Las inmunoglobulinas son proteínas que circulan por el torrente sanguíneo y que, a grandes rasgos, reconocen ciertas partes específicas de un microorganismo (conocidas como antígenos), se pegan a estas y hacen que otras células o componentes del sistema inmune los destruyan.

Pero, entonces, ¿qué hace la vacuna? Bueno, el problema está en que los anticuerpos se producen sólo después de determinado tiempo de que el antígeno (microorganismo) ingresa en el cuerpo humano. Es decir que para que el linfocito B produzca anticuerpos específicos para destruir a ése microorganismo, primero nos tenemos que enfermar. Y como enfermarse no es un buen negocio cuando hablamos de patologías muy serias como la poliomielitis, el sarampión, la rubéola, el tétanos, entre otras, las vacunas nos ayudan a “saltearnos” el paso de la enfermedad. Bueno, no lo salteamos del todo. Básicamente, lo que se hace en el proceso de vacunación es inyectar microorganismos atenuados (que causan enfermedad leve), inactivados, fracciones de estos o algunas toxinas que puedan llegar a producir enfermedades. Así, se desencadena todo el proceso de producción de anticuerpos sin enfermarnos. Una vez que los anticuerpos estén formados, el sistema inmune ya va a estar preparado para actuar de inmediato y así evitar la enfermedad o que, simplemente, ésta sea mucho más leve.

Vamos a poner un ejemplo práctico:

  • Imaginemos que existe una enfermedad que está producida por un virus con forma de bicicleta y nunca te vacunaste. Llega el virus a tu cuerpo por primera vez y como le resulta desconocido a tu sistema inmune, no puede luchar lo suficiente y se desencadena la enfermedad. Te enfermaste de bicicletitis.
  • Ahora bien, imaginemos que existía una vacuna contra la bicicletitis. Te vacunaste, por ejemplo, con una rueda de bicicleta y que, al no ser una bicicleta entera, no te va a enfermar. Tu organismo, entonces, va a producir anticuerpos contra la rueda de la bicicleta. Tiempo después, alguien con bicicletitis te estornuda en la cara y te baña, llega la bicicleta por primera vez a tu organismo, pero tu sistema inmune ya conoce la rueda. Tus anticuerpos la reconocen, se pegan a la rueda y hacen que se destruya la bicicleta. Fin del asunto, te salvaste de la bicicletitis.

Hay microorganismos que mutan su estructura constantemente, cambian de ropa más veces que la Chiqui Legrand en toda su vida. Tal es el caso del virus de la gripe o virus Influenza. Sus constantes cambios o mutaciones no permiten que, tras una única vacunación, el sistema reconozca el virus año a año. Por ende, la vacuna contra la influenza estacional te protege contra los virus de influenza que, según las investigaciones, serán los más comunes la próxima temporada. O sea, las mutaciones virales de este virus obligan a la vacunación anual sólo de esta vacuna (pero sólo de aquellas personas con indicación). La gripe parece algo común y “tranqui”, pero es una enfermedad que cada año provoca entre 300.000 y 500.000 defunciones en todo el mundo. Las embarazadas, los niños pequeños, los ancianos con problemas de salud y cualquiera que padezca un trastorno crónico, por ejemplo, asma o cardiopatía, corren un alto riesgo de infección grave y muerte. Exacto, la gripe puede ser un enfermedad grave, no te vacunan todos los años para insertarte un chip y poder controlarte.

Dime cuántas vidas salvas y te diré quién eres

– ¿Cuáles son las dos cosas que salvan más vidas en el mundo?

– Dios y Superman.

– No no, dos cosas reales.

– Ah ah, el agua potable y las vacunas, entonces.

Como decíamos al principio, no existe avance en la medicina que haya salvado tantas vidas como las vacunas. En el mundo, las vacunas le salvan la vida a cerca de 3 millones de niños al año. Y si el sistema de vacunación se aplicara a la perfección, las vacunas actuales podrían salvar el 25% de las muertes de niños menores de 5 años que se producen en todo el globo.

Según datos de la OMS, durante 2015, se administraron tres dosis de la vacuna contra la difteria, el tétanos y la tos ferina a unos 116 millones de niños. Aproximadamente, un 85% de la población infantil mundial recibió una dosis de vacuna contra el sarampión antes de cumplir un año de vida. Además, resaltan que los casos de poliomielitis han disminuido en más de un 99% desde 1988.

Argentina posee uno de los calendarios de vacunación más completos. Existen 19 vacunas que el Estado ofrece gratuitamente. Anualmente se aplican 57 millones de dosis de vacunas. Sin dudas, algo de lo que estar orgullosos. A pesar de esto, existen muchas cuestionen que generan ciertas dudas aún. Incluso existen movimientos antivacunas, una forma de egoísmo del siglo XXI.

¡Seguridad! ¡Seguridad!

“¡Seguridad en las vacunas, YA!” dijo nadie, nunca.

Las vacunas se someten a los más altos estándares de calidad. Los controles que se le aplican pasan por varias etapas, las cuales pueden durar hasta 10 años de evaluación. Éstas se siguen controlando después de ser lanzadas al mercado.

La mayoría de las reacciones vacunales son generalmente leves y temporales, por ejemplo, dolor en el brazo de la inoculación o incluso una febrícula. No sólo eso, es más probable padecer un trastorno grave por una enfermedad prevenible mediante vacunación que por una vacuna. Por ejemplo, en el caso de la poliomielitis, la enfermedad puede provocar parálisis; el sarampión puede causar encefalitis y ceguera, y algunas enfermedades prevenibles mediante vacunación pueden ser incluso mortales.

Otro de los rumores conspiranoicos es que las vacunas producen autismo. Todo surgió luego de que una bestia en el año 1998 haya publicado una investigación relacionando la vacunación contra el sarampión, la parotiditis y la rubéola con el autismo. Obviamente, se encontraron muchas irregularidades en este estudio por lo que la publicación que lo divulgó, lo retiró. Se hicieron un montón de investigaciones después de esto, y NO SE ENCONTRÓ RELACIÓN ENTRE LAS VACUNAS Y EL AUTISMO. Una vez más por si aún no quedó claro: LAS VACUNAS NO PRODUCEN AUTISMO. Lamentablemente, no hubo responsabilidad alguna en esa publicación y el daño ya está hecho.

Cabe destacar que las vacunas no son la principal fuente de ingreso de las empresas farmacéuticas. Según un estudio publicado en la revista Health Affairs por investigadores de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins Bloomberg, cada dólar invertido en vacunas supone un ahorro de hasta 44. Concluyeron que los 34.000 millones de dólares necesarios para llevar a cabo la iniciativa supondrán a la larga un ahorro de 586.000 millones en gastos por enfermedad y hasta 1,53 billones en general. ¡Jaque mate conspiranoico!

¿Por qué me tengo que vacunar?

Bueno, ya entendí que las vacunas son seguras. Pero, ¿por qué me tengo que vacunar si ya no existe esa enfermedad en mi país?, ¿por qué tengo que dejar al descubierto mi hombro o mi nalga para que me claven una aguja mientras me dicen “es como una picadura de mosquito”?

Así no son los mosquitos.

Todo tiene que ver con la forma en que vivimos. Si dejás de vacunarte, las enfermedades volverían a aparecer, básicamente porque vivimos en un mundo globalizado. Aunque la enfermedad se haya erradicado en el país, los microorganismos que actualmente prevenimos con las vacunas, siguen circulando a lo largo y ancho del planeta. Entonces, la circulación haría que Pepita, una antivacunas inconsciente que se fue de viaje a Egipto, se enferme con bicicletitis y vuelva a Argentina con el virus, y así enferme a sus amiguitos antivacunas. O peor aún, a los niños que padecen las pobres y flojas de papeles decisiones que toman sus padres antivacunas. Por ejemplo, a partir de 2005, en Europa occidental se produjeron brotes de sarampión en poblaciones no vacunadas de Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, España, Francia, Italia, el Reino Unido y Suiza. Primer mundo, decían.

Además, hay determinadas condiciones médicas, como las inmunodeficiencias, que no permiten que la persona pueda vacunarse, quedando expuesta a todas las enfermedades prevenibles con las vacunas. Acá entra en juego lo que se conoce como “inmunidad de grupo”, en el cual el entorno vacunado provee una protección indirecta a aquellos que no pueden vacunarse. Para ser cool, tenés que rodearte de gente cool.

Si, vacunarte no sólo evita que padezcas enfermedades gravísimas que son totalmente prevenibles, también es evitar que las personas que te rodean no se enfermen. Vacunarte es un acto solidario y, por lo contrario, no hacerlo es bastante egoísta de tu parte. Más aún si tus temores conspiranoicos afectan la vida de tus hijos.

Conclusión

Las vacunas son uno de los avances en materia de prevención de enfermedades más importantes que tuvimos. No hubo invento que salve tantas vidas como lo hizo la vacuna. Cuando pienses en un superhéroe, pensá en las vacunas.

Aun así, existen muchos detractores que, si bien no tienen las evidencias como para demostrar sus ideas, causan impacto a nivel global. Es que las vacunas son víctimas de sus propios éxitos y las personas dejan de ver las enfermedades como amenazas reales y se enfocan en los probables efectos adversos. Este grupo genera conflictos en aquellos que, quizás, no conocen los datos reales de las vacunas, produciendo un impacto en la salud pública. Es una de las formas más nocivas de egoísmo.

Cuando alguien venga a pintarte un mundo de colores, siempre exigí las evidencias científicas, ¡vamos a los papeles! Porque hubo gente que se preguntó “¿Qué pasaría si…?” e hizo cosas copadas, porque hubo gente que se hizo preguntas inteligentísimas y cambiaron el mundo, por favor no les devolvamos respuestas estúpidas.

Las vacunas salvan vidas, no seas egoísta, ¡vacunate!


Bibliografía:


 

Leonardo Sciarra

Vi luz y entré. Estudiante de medicina. Me gusta hablar boludeces en radio, pero sobre todo hablar de ciencia. Soy de San Nicolás, Buenos Aires.

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