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Evidencias basadas en la medicina

Mi abuela sin vergüenza

Acá hablamos un poco de la corteza prefrontal, esa parte del cerebro que nos hace humanos y controla nuestro comportamiento. También te enseño a levantarte a una mina… o algo así.

“We are gods. Our tools make us gods. In symbiosis with our technology, our powers are expanding exponentially and so, too, our possibilities.”

Jason Silva -.    

 

Hace no mucho tiempo que mi abuela empezó a ser una abuela sin vergüenza. Uno diría: esto no es nada raro, yo también tengo abuelos sin vergüenzas y no ando haciendo un post por eso. Pero déjenme explicarles un poco.

Mi abuela era un abuela normal (?) a la que le molestaban las cosas del día a día como a todos, pero no solía mostrarlo tanto. Recuerdo, no hace mucho, que ella estuvo internada por una neumonía y compartía habitación con una señora que más que su enfermedad orgánica, lo que en realidad la tenía triste era su difunto esposo. Esta señora lloraba casi todo el día. Recuerdo en mis visitas a mi abuela que me decía con cara de empatía y por lo bajo “pobre señora llora tanto por el esposo, lo debe haber amado mucho”. Hasta acá todo bien, mi abuela había sido dada de alta y nada había cambiado.

Semanas después mi abuela sufre un desafortunado accidente, uno cerebro-vascular para ser más específicos. Medio mes después de estar ingresada en terapia intensiva, es pasada a sala de internación ya mejorada de su cuadro grave y recuperada en sus funciones motoras. Por casualidad o acomodo del “dador de camas”, termina compartiendo habitación con la misma paciente de la última vez. Ese mismo día salí de la facultad y fui a verla. Al verme recibo un reto “te acordaste de tu abuela”. Con una sonrisa la saludo y me pongo a hablar con ella, que luego del reto sonrió. Su compañera quebró en llanto como solía suceder y en un segundo mi abuela se da vuelta y despide un inesperado “SHHHH”, me mira y me dice “ESTA TODO EL DIA LLORANDO, MARICONA”. Yo, desconcertado, le digo que no lo diga tan fuerte y le cambio de tema, pero en realidad en ese momento aparte de la vergüenza me invadía la duda. ¿Qué había sucedido? ¿Qué hizo que ella reaccionara de una manera totalmente opuesta a veces anteriores? ¿Era el estrés de la internación? ¿Podía algo que soportó por semanas alterarla en solo un día? ¿Qué había cambiado?

Desde ese día entendí que mi abuela ya no era la misma, seguía siendo ella, pero no como antes. Estaba sin filtro, peleaba constantemente con las enfermeras, no cumplía las órdenes y recomendaciones del médico, se enojaba ante todo y si algo no le gustaba lo hacía saber sobremanera. Comentarios como el “que gorda que estás” que le arrojó a mi prima y cosas que uno suele guardarse, salían de su boca como si nada importara. Definitivamente algo había cambiado y fue evidente el día del alta. Ese día nos entregaron la epicrisis (el informe que resume el diagnóstico y tratamiento recibido durante la internación) junto con algunos estudios que le habían realizado durante la internación. Y ahí estaba la respuesta, en un estudio por resonancia magnética realizado el último día de internación: había signos de lesión isquémica en la corteza prefrontal. Mi abuela estaba “frontalizada”.

¿Qué significa esto? ¿Qué es la corteza prefrontal?

La corteza prefrontal (CPF le decimos en el barrio) se encuentra en la parte anterior del lóbulo frontal, delante del área premotora, justo arriba de los ojos y es el área más desarrollada de la corteza, en especial en primates. Sus funciones determinan nuestro comportamiento y son, entre otras, el control de impulsos, la predicción de consecuencias hacia el futuro, el uso de la memoria a corto plazo, la atención selectiva,  la planificación y la toma de decisiones. Todo esto se engloba en lo que llamamos funciones ejecutivas. Estas son, hablando mal y pronto, procesos cognitivos coordinados que utilizamos para realizar un objetivo eficazmente.

2 de las 3 áreas de la corteza prefrontal.

¿Cómo funciona?

Por ejemplo, supongamos que querés estar con esa compañera a la que todavía no te le animaste. Entonces establecemos el objetivo “estar con Juanita” y vamos a tener que establecer los mínimos pasos para lograrlo. Primero invitarla a tomar una birra, acordar dónde se encuentran, ir al lugar de encuentro a horario (o si tenés auto buscala, ¡campeón!), establecer una conversación, entrar y buscar donde sentarse, pedir la cerveza, seguir la conversación, dirigir la charla para lograr que ella se interese en vos o conocerla más, generar confianza, analizar si ella está interesada, ¡comerle la boca! O bueno, al menos pegar onda.

Todo esto lo pensamos, bueno, tal vez no conscientemente, pero nuestra CPF si, y analiza cada paso y lo necesario para realizarlo con el fin siempre en mente (nunca mejor dicho) de estar con Juanita. Y utiliza todos sus recursos para hacerlo. Inhibe los impulsos que tenés de decirle que está más buena que comer pollo con la mano y busca maneras socialmente más correctas de demostrarlo, recordándote que cuando le dijiste a una mina *inserte piropo guaso* no te dio ni la hora. También te inhibe el impulso de estar mirando el celular a cada rato para no quedar mal. Te recuerda que si mentís en algo y después te pones de novio con Juana, probablemente en un futuro se complique. Incluso, la CPF utiliza la memoria de trabajo para recordar lo que estudia y de dónde te dijo que era para usarlo como tema de conversación. También te recuerda comportamientos anteriores que tuvieron éxito con otras mujeres, adaptándolos a la situación actual. Por ejemplo hacerte el tierno mostrándole una foto de tu primito y contándole cuánto te quiere (no sé, me contaron). En definitiva te recuerda las reglas del juego y en vivo va adaptando tu conducta en base a las reacciones de ella y el avance de tus mini objetivos (hacerla reir, etc). Esto es así, viéndolo desde una teoría basada en Acontecimientos complejos estructurados(o SEC por sus siglas en inglés) que intenta explicar cómo funciona y nos dice que la corteza prefrontal almacena muchas “recetas” con los pasos necesarios y en orden para realizar un objetivo. Así ella se preocupa de los detalles como secarte después de bañarte y no antes. Y esto sucede en cualquier situación más o menos compleja.

¿Y se puede romper?

Sabemos que en casos de ACV o traumatismos físicos como el conocido caso de Phineas P. Gage  (un tipo al que un fierro le atravesó el lóbulo frontal y empezó a apostar, portarse mal y cosas re locas) que afectan estas áreas van a haber síntomas propios del daño de la CPF. Estos pueden ser dificultades para la  resolución de problemas, hacer planes para un objetivo, realizar pensamiento abstracto o formar conceptos, además de falta de conducta social, trastornos psicopatológicos, entre otros dependiendo del área de la CPF afectada. Pero también se sabe que la CPF y sus funciones ejecutivas se encuentran alteradas en trastornos como la obesidad, ludopatía, adicciones, depresión. Esto quiere decir que puede haber alteración en el funcionamiento de la CPF detectada por resonancia magnética funcional (un aparato re piola que te muestra qué área neural se activa cuando pensás, ves o haces determinadas cosas) tanto por causas “estructurales”, por así decirlo, como un ACV y en causas “funcionales” en los que la conducta y ciertas predisposiciones del ambiente y genéticas podrían alterar la función de nuestra querida CPF.

Reconstrucción 3D del accidente de Phineas Gage..al menos lo que quedó. (Image: Ratiu et al / CC BY-SA 2.1)

¿Se puede entrenar al cerebro?

Si bien no tenemos una “guía de entrenamiento para la CPF” establecida, sí hay estudios que demuestran que ciertas terapias y drogas pueden modificar la actividad neuronal de la CPF. Y esto es un montón para fascinarnos en cómo, por ejemplo, terapias psicológicas como la cognitivo conductual mostraron cambios en la actividad cerebral. ¿Por qué tanta fascinación? Estamos hablando de un método no invasivo que puede modificar nuestra conducta y nuestro cerebro. También el entrenamiento de la memoria mostró cambios a niveles de las redes neuronales. Y si podemos “aprender malos hábitos”  que denotan una falla en nuestras funciones ejecutivas, ¿porque no podríamos aprender a controlar nuestro comportamiento?


Referencias:


 

Esteban Martínez

Estudiante de medicina. Procrastinador orgulloso. De noche le hago bullying a los pseudochantas. Entre El Calafate y Rosario.

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