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Evidencias basadas en la medicina

Ghost, la sombra del cerebro

Hay cosas que están muy arraigadas en la sociedad, pero ¿existen los fantasmas? ¿qué pasa cuando morimos? ¿qué hay de verdad en la existencia de un alma?

“And I see them in the streets

And I see them in the field

And I hear them shouting under my feet

And I know it´s got to be real

Oh, Lord, deliver me

All the wrong I´ve done

You can deliver me, Lord

I only wanted to have some fun”

In my time of dying – Led Zeppelin

Yo era un pequeño niño cristiano de aproximadamente unos 8 años de edad que me aferraba mucho a lo que me decían mis mayores, quizás como una respuesta evolutiva para mi supervivencia. Era un infante feliz, peinado casi a la gomina con una raya al costado, pero feliz. Hasta que algo vino a interrumpir la paz de esa criatura en pleno desarrollo. Recuerdo un relato de mi abuela que fue un antes y un después en mi corta vida. Narraba la historia de un vecino de ella que vivía a un par de casas, un hombre joven de quizás unos 40 años que a fines prácticos llamaremos “Casper”, que había sufrido una muerte traumática en el patio de su casa en manos de una de esas personas que se ofuscan si no le das lo que con tanto esfuerzo te costó conseguir. Luego de este suceso, más por miedo que por nostalgia, la familia decidió vender la casa e irse a vivir a otro Condado.

Pero, lo triste de esta historia fue que Casper nunca pudo despedirse de su tan querida familia ni pudo concluir ciertos proyectos que tenía, lo que se conoce como “cuenta pendiente”. Fue quizás la necesidad de concretar lo que quedó pendiente o el simple hecho de querer despedirse de su familia, lo que motivó al alma en pena de Casper de querer quedarse en esta tierra y, según mi abuela, todavía se lo podía ver en el jardín de la casa por las noches, incluso vecinos de él lo habían escuchado gritar sin desasosiego el nombre de su esposa y sus hijos. No tuve más remedio que creerle y, obviamente, desde ése momento nunca más pasé por esa cuadra, no me atrevía siquiera a mirar para esos lares. Incluso el señor Casper me molestaba en algún que otro sueño o el sólo hecho de pensar en su presencia me hacía prender la luz de mi cuarto innecesariamente o encender el televisor para que haga un poco de ruido.

Por suerte crecí y vino la ciencia a tirarme un salvavidas en ése mar de miedo en el que me había sumergido. Así que ahora camino tranquilamente por esa cuadra, sólo con la pena de pensar en esa pobre familia. También dejé de ser un niño, dejé de ser cristiano, dejé de mirar tele y además ahorro más energía porque puedo apagar la luz sin miedo, un combo genial, salvo por la parte de dejar de ser niño.

Pero, historias como esta se repiten infinidad de veces. Es común escuchar relatos de fantasmas, cosas que se levantan o cambian de lugar, voces y demás sucesos paranormales.

Esto no es nada nuevo. La idea del fantasma surgió hace miles de años y hasta el día de hoy se sigue manteniendo viva. Es que este tipo de supersticiones están extremadamente arraigadas en la sociedad, a tal punto de formar parte de la identidad de una región. Es por esto que, como con las religiones, nos cuesta mucho descartar algo que está tan colectivamente aceptado. Pero, empecemos de a poco.

Los fantasmas son espíritus o almas desencarnadas de seres muertos que se manifiestan entre los seres vivos de forma perceptible (por ejemplo, tomando una apariencia visible, produciendo sonidos o aromas o desplazando objetos) principalmente en lugares que frecuentaban en vida, o en asociación con sus personas cercanas”.

Basándonos en esta definición, podemos analizar dos cosas. Primero, al ser espíritus y almas desencarnadas tendríamos que, por obvias razones, pensar que en un momento estuvieron “encarnadas” en el ser humano, cual uña en un dedo gordo del pie. Y segundo, al ser percibidas, tendríamos que dejar por sentado que las percepciones humanas son fidedignas y no dan lugar a ningún tipo de alteración, cosa que no sucede, aunque no es el tema de hoy.

Veo gente manija.

De almas, espíritus y uñas

A grandes rasgos, para muchos creyentes existe una dualidad entre el cuerpo y el alma, en donde el alma es entendida como una especie de ente inmaterial que se encuentra encerrado adentro del cuerpo humano, la parte material de ésa dupla. Entonces, el alma es el rehén del cuerpo y éste, como un guardia cárcel despiadado, no lo deja salir ni un segundo, ni para ir al baño (tu alma hace sus necesidades fisiológicas adentro de tu cuerpo). Para algunos, es inmortal y la función de esta es que lo “banal” y “mundano” del cuerpo tengo un sentido vital. Para otros, es el conjunto de pensamientos y sentimientos que diferencian a cada persona del resto.

Ahora bien, en algunas religiones existe algo más que el alma, el espíritu. Una segunda parte inmaterial despegada del cuerpo (porque con decir que había una sola cosa no les alcanzaba, ellos querían flashearla más y meter otra por las dudas). Supuestamente, el espíritu es el mediador entre el alma y el cuerpo, la chispa de la vida, es el que anima el cuerpo y le da la fuerza para vivir, es la espinaca de Popeye.

Vamos a algo concreto ahora y hagámonos un par de preguntas en base a lo anterior. ¿Cómo es que algo no material interacciona con el cuerpo para moverlo? ¿Cómo hace el alma o el espíritu para decirle al cerebro lo que tiene que hacer? Básicamente, no lo hace. Por tres razones físicas re contra establecidas:

  • La ley de la conservación de la energía: esta ley afirma que la energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma. Por ende, no se puede aplicar energía de la nada misma (entiéndase alma) a un cuerpo, sea el cuerpo humano o un objeto.
  • Principio de la causalidad: este principio dice que los eventos físicos sólo pueden tener causas físicas. Por ende, el alma, al ser algo no material, no puede interactuar con la materia ni hacer que esta se mueva.
  • La ley de la conservación movimiento o moméntum: surge como deducción de la 3era Ley de Newton (a toda acción, le corresponde una reacción de igual magnitud pero opuesta). Esta ley dice que la cantidad de movimiento total de cualquier sistema cerrado siempre es constante. Veamos… para iniciar el movimiento de un objeto, es necesario una fuerza ejercida por otro cuerpo y esa cantidad de movimiento es constante, por ejemplo: en el billar, la bola blanca tiene cierta cantidad de movimiento y al pegarle a otra bola, le transmite esa cantidad de movimiento que traía consigo. Lo que se pretende dejar ver con esto que si el alma mueve el cuerpo, la cantidad de movimiento nunca va a ser constante porque éste surgiría de la nada. Es como jugar al billar mirando las pelotas y sin pegarle a la bola blanca.

La verdad es que la física no es lo mío (y casi que la medicina tampoco), pero era necesario para ver que el alma, como entidad, no puede mover nada (iba a hacer un chiste negrísimo con Stephen Hawkins <3, pero me acordé que mueve los ojos, así que por respeto mejor no lo hago). Pero entonces, si no es el alma, ¿qué es?

Existe una única respuesta: el cerebro. El cerebro es el órgano principal del sistema nervioso central. 1,4 kg de materia que hace que yo esté escribiendo esto, que vos lo estés leyendo o que otra persona haya decidido no leerlo. No sólo se encarga de regular y mantener funciones vitales del organismo, sino que es el lugar en donde reside la mente y la conciencia de la persona, además de las emociones y la memoria. Lo controla casi todo gracias a una catarata de neurotransmisores (sustancias químicas que se liberan en la sinapsis y transmiten información de una neurona a otra) e impulsos eléctricos.

Es un órgano que se organiza en sustancia blanca central (en donde se encuentran los axones de las neuronas, son los cables de la red eléctrica que llevan información de un lado a otro) y una corteza periférica (aquí están los cuerpos o somas neuronales, las centrales eléctricas). A su vez, esa corteza está dividida en varias lóbulos (frontal, parietal, occipital y temporal), pero el que más nos incumbe en este momento es el frontal.

El lóbulo frontal se encarga de la comprensión y producción del lenguaje, el control de los impulsos, el pensamiento racional, el juicio, el comportamiento sexual, la memoria de corto plazo, funciones motoras, socialización, entre otras. Es decir que, si bien el cerebro es extremadamente complejo y funciona como un todo, lo que te define como persona está en el lóbulo frontal. Para explicar esto, hay un ejemplo muy famoso: Phineas Gage era un joven que trabajaba en el ferrocarril y en el año 1848 sufrió un accidente en el cual una barra de acero atravesó su cráneo y destrozó su lóbulo frontal. El muchacho tuvo mucha suerte y sobrevivió, pero su personalidad cambió por completo. Después del accidente se había transformado en una persona agresiva, descuidada, indecisa y extremadamente impulsiva. Básicamente, el accidente lo transformó en un inadaptado social.

Tomando como referencia al caso de Gage, ¿por qué la personalidad va a modificarse al perder parte del lóbulo frontal si lo que te define está en el alma? ¿por qué algo inmaterial va a ser modificado por un cambio en la materia? Porque el alma no existe. Tan fascinante como desconocido, el cerebro es la base de todo lo que somos. Por ende, es innegable que todo lo que se le atribuyó al alma en algún momento, se produce en base a la actividad cerebral y sin esta actividad no existe la persona como tal.

La muerte y el final de la película

Desde la física vimos que es difícil que el alma haga todo lo que dicen que hace y desde la biología explicamos que la personalidad en realidad tiene una base fisiológica que nada tiene que ver con entidades mágicas.

Queda por deducir, entonces, que el alma o el espíritu no existen, y por ende tampoco los fantasmas, ni buenos ni malos. Todo se lo debemos al funcionamiento del cerebro, que a su vez funciona a expensas de una magnífica serie de eventos físicos y químicos. Una vez que ya no ocurren estos eventos (caput), el cerebro deja de funcionar y la persona simplemente deja de existir, sin más.

Supongo que la idea de la vida eterna parece esperanzadora, pero nada más alejado de la realidad que esto. Simplemente es el motor de muchas supersticiones y miedos infundados, creencias que explotan personas que se autoproclaman mediums y cobran por hablar con los muertos (el chantapufi), los caza fantasmas con sotana, cuello blanco y agua bendita o los pastores de la medianoche que exorcizan a cuanto gil se les crucen.

No existe Casper, ni el de la película ni el de mi historia, “la llorona” no es más que una leyenda urbana (como la heladera de Walt Disney), a la copa la mueve algún vivo y en el cementerio sólo se acumulan huesos y restos humanos innecesariamente. La idea de reencarnación no tendría sentido, el cielo sería incensario y el infierno, probablemente una de las ideas más crueles, dejaría de ser enseñado como instrumento de vigilancia moral. La cuestión es educar, no asustar.


Bibliografía:


Leonardo Sciarra

Vi luz y entré. Estudiante de medicina. Me gusta hablar boludeces en radio, pero sobre todo hablar de ciencia. Soy de San Nicolás, Buenos Aires.

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