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Evidencias basadas en la medicina

El placer de lo cotidiano

¿Por qué nos emocionan las notificaciones de whatsapp? ¿Por qué subimos historias todo el día?  ¿Es normal estar manija por el fin de semana? ¿Cómo es el circuito de recompensa?

“Todo lo que hacemos es con el propósito de alterar la conciencia. Formamos amistades para que podamos sentir ciertas emociones, como el amor, y para evitar otras, como la soledad. Comemos alimentos específicos para disfrutar de su fugaz presencia en nuestras lenguas. Leemos por el placer de pensar los pensamientos de otra persona. Cada momento durante la vigilia, e incluso en nuestros sueños, nos esforzamos para dirigir el flujo de la sensación, la emoción y la cognición hacia estados de conciencia que valoramos.”

Sam Harris

“Todo lo que hacemos es con el propósito de alterar nuestra consciencia”. Si pensamos esto un poquito, parece tener sentido. Ojo, no lo planteo como algo totalmente objetivo, pero si como una forma interesante de ver las cosas.

Desde el vamos, vivimos. Sí, así de simple. Pero eso no quiere decir que hagamos lo mismo que otros seres vivos hasta que nos llegue la muerte. Nutrirse, interactuar con el ambiente para conseguir homeostasis, reproducirse (cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia). Parecemos más complejos que eso y, tal vez, lo seamos.

Pero ¿por qué hacemos lo que hacemos? Nos alimentamos, sí, pero no comemos simplemente lo que hay; cocinamos, salimos a comer, pedimos delivery con el fin de que el acto de comer sea algo placentero. Le ponemos chimi al chori, mayonesa a la hamburguesa. Disfrutamos una buena milanesa con papas fritas o unos ñoquis caseros. Salimos, nos juntamos con nuestros amigos, hacemos deportes. Seguro que algunos de tus mejores recuerdos son de una salida con amigos. Y por eso repetimos.

Miramos series, películas, pagamos Netflix. Más de una vez viste una peli muy mala, que te hizo sentir que perdiste 2 horas de tu valiosa vida. Pero seguís intentando encontrar otra que te haga sentir ese miedo que te dio El Exorcista o te haga reír como Scary Movie.

Nos emocionamos cuando llega un mensaje de Whatsapp, sin saber siquiera de quién es, pero tal vez sea ese mensaje que nos saque una sonrisa o nos salve el fin de semana. Subimos historias a Instagram, o lo que sea que se haga en Snapchat para que alguien nos comente. Siempre buscando emoción, que algo sobresalga en lo cotidiano y nos haga sentir.

 

Cuando te llega una mensaje de ella <3

Todo esto está relacionado con el famoso circuito de recompensas. Este es un sistema complejo que nos hace aprender conductas necesarias para llegar a una recompensa. Y acá entra en juego la famosa dopamina, neurotransmisor de lujo. Pero no solo ella, también otros neurotransmisores entre ellos los opioides (endorfinas y encefalinas)

En un primer momento se pensó que la dopamina era la responsable, entre otras cosas, del placer en el cerebro. Luego, se vio que más que con el placer, este neurotransmisor de día, hormona de noche, estaba más relacionado con el sistema del “Want”, esto es, con la motivación que tenemos para realizar algo (conducta) que nos va a llevar a una recompensa.

¿Cómo funciona?

Por ejemplo, la primera vez que cobramos nuestro sueldo, nos sentimos bien, contentos y esto generó la activación del sistema del “Like”, como el que usa Facebook. Este lado del circuito de recompensa está encargado del placer, de lo que nos gusta. En este momento el Area Tegmental Ventral (ATV), una porción del cerebro cuya activación genera liberación de dopamina, detecta que algo que hicimos nos llevó a una recompensa. Despierta a todos, manda un aviso al Hipocampo, un área del cerebro parecido a un caballito de mar, para que preste atención a las acciones que hicimos en el pasado para llegar a esta recompensa: Levantarnos temprano todos los días, estudiar, dedicarle tiempo, etc. A su vez, el ATV le avisa a la Amígdala, no la que se inflama en invierno, sino la que está en el cerebro, que preste atención a lo que siente en este momento porque seguro que vamos a volver por más. El ATV activa al Núcleo Accumbens, que refuerza este circuito para que aprendamos a repetir lo que hicimos para volver a sentirnos bien. Y por último la energía, la motivación no es solo un tipo diciéndote que vos podés hacerlo, sino que toda esta motivación sale del conjunto de áreas activadas que le van a decir al Hipotálamo, nuestro centro de control fisiológico, que nos dé un empujón hormonal para tener la energía necesaria para no parar (como el yogur, pero 100% natural). Toda esta motivación y este camino también manda señales a la corteza prefrontal, para integrar las funciones ejecutivas y planear la forma en la que buscaremos esta recompensa.

Hipocampos ¿Quién dijo que la anatomía no era divertida?

Cuando nos levantamos temprano para ir a la facu o nos comemos 6hs de colectivo para ver a la gente que queremos, estamos usando la energía que viene del “want”. Nuestro cerebro libera dopamina en las áreas claves con el fin de obtener una recompensa.

De todas maneras, nos pasa de ir, emocionados, a ese boliche donde la pasamos tan bien o jugar a ese juego con el que nos divertimos tanto y nos llevamos una sorpresa, no nos gusta tanto como la primera vez. Esto sucede porque las vías del “like” y el “want” son caminos diferentes con neurotransmisores diferentes. Que estemos motivados a hacer algo no significa que nos vaya a gustar. De esta manera, cuando la vía del Want está estimulada, es posible querer hacer cosas que no nos gustan, o al menos tener la voluntad necesaria para hacerlas. Esto explica a tu amigo que hace Crossfit, que tolera el cansancio y dolor muscular, con el fin de llegar al premio de superarse y sentirse bien consigo mismo.

Y así funciona, una vez que nuestro cerebro aprende una conducta empieza a buscar desencadenantes para realizarla. El olor a café, el olor a cigarrillo para aquellos que fuman, la imagen de una hamburguesa gigante, escuchar una canción o simplemente un pensamiento hace que se liberen pequeñas dosis de dopamina para motivarnos a buscar esas cosas. A esto en el mundo de las drogas se le conoce como “craving”, el deseo de consumir una sustancia, o estar manija.

Todo esto tiene una importancia evolutiva. Que el cerebro tenga un sistema diseñado para motivarnos a hacer cosas necesarias para la supervivencia hace que este circuito de recompensa no se vea tan mal. Tiene sentido recibir un premio cuando comemos o tenemos sexo. El problema es con las cosas o sustancias de fácil acceso que hackean este circuito, induciendo a descargas de dopamina brutales, generando adiciones. Drogas, alcohol, porno, casino, todos nos ofrecen atajos o caminos directos a grandes cantidades de dopamina. El circuito está tan roto que solo buscar realizar una conducta(drogarse) aun sabiendo que no hay una recompensa.

Otra manera de generar conductas con el fin de sentir algo distinto es engañar a nuestro cerebro para que piense que hay peligro en situaciones controladas como los deportes extremos o hacer cosas peligrosas en ambientes controlados. Tirarse de un paracaídas, ver películas de terror, hacer ring raje cuando sos chico. Todas estas cosas generan la liberación de noraadrenalina y nos hace sentir la emoción del peligro, del sistema de lucha o huida. Sistemas que nos fueron útiles para la supervivencia, hoy los controlamos y manipulamos para sentir y disfrutar.

Y así vamos, motivados por pequeñas cosas con o sin sentido y buscando siempre un nuevo placer. La clave de esto está en cuales son nuestros activadores del circuito de recompensa. Un asado con amigos, un partido de futbol o tener 1000 likes en Facebook.


Bibliografía:

Ishimine, Felipe. -Autor de la imagen de portada.


 

Esteban Martínez

Estudiante de medicina. Procrastinador orgulloso. De noche le hago bullying a los pseudochantas. Entre El Calafate y Rosario.

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