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Evidencias basadas en la medicina

A buen bebedor, pocas resacas

El alcohol es la droga más consumida y la más socialmente aceptada, pero ¿qué pasa cuando nos vamos de copas y nos pegamos un pedo memorable? ¿por qué al otro día sentís que pasaste la noche en una licuadora?

“Dale Ingrid, dale.

Cerrame la ventana, prendeme el aire,

traeme una botella de soda grande

y despertame tipo 12 de la tarde, dale, dale”

Julito Rabia

Se acerca el fin de semana y en lo primero que pensás es en hacer algo con tus amigos. Mandás un mensaje al grupo de WhatsApp y preguntás qué pinta. Surge una discusión de hacer esto o hacer lo otro, hasta que un iluminado, el nuevo superhéroe de los findes, brinda su casa para hacer una previa. Por arte de magia, todos los astros se alinean y ya está todo organizado. Inmediatamente después, pensás: ¿qué voy a tomar?

Llega el momento de la previa y todo va muy lindo: la música, las luces, la gente y risas, muchas risas. Hasta que tu cabeza entra en modo centrifugación y todo empieza a dar vueltas. De repente, el piso se mueve al compás de la música. Vas al baño y tenés la necesidad de vomitar las 2 birras, los dos vasos de Fernet, el vaso de vodka y algún que otro trago de nafta de avión que te tomaste. Una hora después, se te apagan las luces y se termina tu noche (bah, a lo que te queda guardado en la memoria respecta). Básicamente, una situación horrible.

Y si ya saben cómo me pongo…

Pero esto no queda acá. Al otro día sin acordarte de nada de lo que pasó en la furiosa noche anterior, te levantás con la sensación de que un elefante se te sentó en la frente y de que una bomba atómica te estalló en el estómago y con la boca más seca que estudiante a fin de mes. Un alto precio por pagar por una noche de la que no te acordás mucho.

Todos somos Superman.

Es que el alcohol es una droga que está socialmente tan aceptada que no puede faltar en ningún tipo de reunión social: un delicioso vino en una cena, un Fernet en una previa o una birra con tus amigos. Ni hablar de mi tío Rubén que le ponía ron al agua del mate, era una fiesta ir a la casa de él a la tarde (yo llevaba los bizcochitos). Pero, ¿qué le pasa al cuerpo cuando tomamos de más? ¿por qué el alcohol hace lo que hace?

A veces me pega más, a veces me pega menos

El principio activo es el etanol, una potente droga psicoactiva que actúa como depresor del sistema nervioso central. Según la dosis, se pueden experimentar diferentes efectos: a dosis bajas y/o moderadas puede provocar estados de euforia y de estimulación; a dosis altas ralentiza todas las funciones vitales pudiendo inducir incluso el coma.

El recorrido del etanol en el cuerpo es muy simple. Primero va del vaso a la boca (en su defecto de la botella de coca cortada a la boca) y de la boca al esófago. Cuando el alcohol baja al esófago, pasa hacia el estómago, donde una partecita es absorbida. El estómago lo aguanta unos minutos hasta que vuelca su contenido (vaciado gástrico) en el intestino delgado donde la mayor cantidad de alcohol se absorbe. Luego, entra en la sangre para comenzar a tomar poder de todo aquello que en algún momento creías tener bajo control. A los 5 minutos ya puede encontrarse alcohol en la sangre y su concentración máxima se produce aproximadamente a los 30 minutos de su ingesta.

Sus efectos dependen de un par de factores:

  • Tolerancia: a mayor tolerancia a la intoxicación etílica, menor efecto.
  • Concentración en sangre: a mayor concentración, mayor efecto. Y esta a su vez depende de:
    • La cantidad de alcohol ingerida y graduación.
    • La velocidad de absorción: hacer fondo blanco te pega más.
    • El vaciado gástrico: acá aparece la famosa excusa “no, no tomé mucho, estaba así porque no comí nada antes de tomar”. Bueno, es verdad. Si no comiste nada antes de tomar y el estómago está vacío (sin contenidos sólidos), se acelera el vaciado gástrico, ya que todo lo que tomás es líquido y pasa más rápido al intestino delgado, que es donde mayormente se absorbe al alcohol.
    • La cantidad de líquido que se tome antes o durante (que diluirá su concentración en sangre).
    • El peso de la persona: a más peso, menos concentración. Las mujeres, al tener contextura física más chica, llegan a concentraciones más altas con menos cantidad de alcohol.

Sé que se me viene el mareo

Hablemos un poco de los efectos a nivel del sistema nervioso central. Como decíamos antes y a diferencia de lo que comúnmente se piensa, el alcohol es un depresor del sistema nervioso central. Los signos y síntomas se correlacionan con las concentraciones de alcohol alcanzadas en sangre.

Pero si es depresor, ¿por qué cuando tomo un poco de alcohol me siento más contento que testigo de Jehová en una fábrica de timbres? En etapas iniciales entras a la fase eufórica (tasa de alcoholemia [TA]: 0,5 g/L). Estás “alegre”. Hablas con más soltura y facilidad (lo que se conoce como locuacidad), sos más impulsivo y estás más desinhibido, al punto de dejar con que tus instintos sexuales se manejen libremente y quieras devorarte a esa persona que te calienta la pava. Pero, esta aparente estimulación inicial se produce por la actividad incoordinada de diversas partes del encéfalo y por la depresión de los mecanismos inhibidores. Es decir que lo primero que el alcohol deprime son todos los mecanismos que inhiben o modulan la conducta humana, lo que resulta en excitación.

Esto parece no alcanzarte y seguís tomando. Ahora entras en la fase de intoxicación. Acá no sólo se deprimen los mecanismos inhibitorios, si no que se empiezan a deprimir también los mecanismos excitatorios. Comenzás a perder la capacidad de coordinar los movimientos produciendo el desequilibrio y, a veces, caídas. Son estos momentos en los que agradeces que haya una pared cerca para poder apoyarte. Además sufrís una vasodilatación periférica que te da sensación de calor, pero en realidad te estás enfriando porque estás perdiendo calor a través de la piel (por eso el San Bernardo no lleva alcohol en el barrilito del cuello).

La noche está en pañales, no te preocupa tu falta de equilibrio y el alcohol parece no acabarse nunca, ni tus ganas de tomar. Entrás en la fase hipnótica o de confusión (TA: 2 g/L). Acá se empiezan a complicar las cosas. Tu cerebro está en modo tortuga y, para ser más específico, en modo tortuga impulsiva. Empezás a sentir irritabilidad y te ponés agresivo, de repente te sentís el dueño del pabellón. La actividad cardíaca aumenta y empieza a haber agitación. Estás somnoliento y se te parte la cabeza (cefalea). Se te complica pronunciar las palabras y no se te entiende un joraca (disartria), empezás a tener movimientos descoordinados (ataxia), te cuesta medir la distancia de objetos para planificar los movimientos y no podés agarrar el vaso en el primer intento (dismetría). Además, aparecen las odiadas naúseas y, lo que nunca me pasó, los vómitos. Permitime informarte algo: quebraste.

Un claro ejemplo de dismetría.

Ahora bien, no te importa nada, te querés romper la cabeza y seguís tomando. Entrás en la fase anestésica o de estupor y coma (TA: 3 g/L) . Acá el panorama se ve oscuro. Además de que no podés pronunciar las palabras, también decís cosas incoherentes. Sufrís una disminución marcada del nivel de conciencia (obnubilación y coma) y del tono muscular. Aparece un problema del que cualquiera se avergonzaría y espero nunca te haya pasado: incontinencia de esfínteres. Puede haber dificultad respiratoria.

Innecesario.

No tenías ningún amigo que te dijo “no tomes más”. Nadie te quiso cuidar, ni vos. O simplemente no te dejaste cuidar y seguiste tomando, mucho y rápido. Ahora tu vida está en riesgo: entrás en la fase bulbar o de muerte (TA: 5 g/L). Estás sufriendo una sobredosis en la que puede haber un shock cardiovascular y una inhibición del centro respiratorio. Así, la muerte llega por paro cardio-respiratorio. Una situación innecesaria y prevenible.

Sal de aquí resaca

Tuviste una noche increíble, pero se te fue la mano. Ahora hay que pagar las consecuencias. Bienvenida, señora resaca.

El término médico es veisalgia y es un cuadro de malestar general que se produce luego del consumo excesivo de alcohol. La causa de este cuadro se produce por tres factores. Primero, por la deshidratación producto del consumo de alcohol. Segundo, por el consumo de sustancias residuales que se generan simultáneamente al proceso de fabricación del alcohol, por lo que son llamadas congéneres, sobre todo el metanol, la histamina, el acetaldehído y diversos polifenoles (mezclar bebidas significa consumir más variedad de congéneres). Y tercero, por el metabolismo hepático, el cual transforma el etanol en acetaldehído, considerada como sustancia tóxica.

Los síntomas característicos son: amnesia de lo ocurrido durante la intoxicación con alcohol, alteraciones gástricas como vómitos o diarrea, cefalea intensa (que se produce por deshidratación de las meninges, vasodilatación y por disminución de la glucosa en sangre), dolor abdominal, dolor muscular, sed intensa y mareos.

No existen las fórmulas mágicas

Se hizo una investigación en la Universidad de Utretch de Holanda en la cual realizaron encuestas a 1.615 estudiantes y se encontró que no existe ningún remedio para evitar la resaca al día siguiente. Ni beber agua, ni comer, ni tomar un protector de estómago harán que mágicamente no aparezca nuestra querida resaca.

Primero le preguntaron a 789 estudiantes canadienses sobre cuánto habían tomado el mes anterior: cuántos vasos habían tomado, a qué hora lo habían hecho, si después habían tenido resaca, y en caso afirmativo, qué tan fuerte había sido ésta.

Tras recopilar la información, calcularon la concentración de alcohol en sangre (son muchas cuentas) de quienes sufrieron resaca después de tomar y de quienes no lo hicieron, y se dieron cuenta de que el 79% de aquellos que no sufrieron resaca fue porque habían tomado menos. La concentración de alcohol en sangre de quienes no tuvieron resaca era de 1g/L. O sea, ése es el límite de alcoholemia para evitar la resaca (aproximadamente 4 latas de cerveza de 330ml).

Los muchachos de la investigación también quisieron ver si tomar agua o comer algo después de tomar alcohol mejoraba la resaca. Así que entrevistaron a otros 826 estudiantes y el resultado fue negativo. Más de la mitad de los encuestados (un 54,4%) comió después de beber, pero la severidad de la resaca no disminuyó por haberlo hecho. Respecto a los que tomaron agua, mostraron una ligera mejoría estadística en cómo se sintieron durante la resaca respecto a quienes no lo hicieron, pero esto no se traduce realmente en una diferencia significativa.

¿En dónde es el incendio?

Vos, los sábados a la mañana.

Sos capaz de vacia el dispenser de agua y eso no parece bastarte. Esto es por algo sencillo: el alcohol deshidrata. En condiciones normales, en nuestro hipotálamo hay una producción regular de una hormona llamada vasopresina u hormona antidiurética (HAD) que, obviamente, inhibe la diuresis (te hace orinar menos).

Cuando se ingiere alcohol, éste bloquea la producción de la HAD y el riñón comienza a eliminar más agua de la necesaria. En otras palabras, el alcohol es una sustancia diurética, ya que incrementa la producción de orina. Por eso vas al baño tantas veces.

Además de la pérdida de agua a través de la orina, se le suma la pérdida a través de los vómitos. No queda otra, a tomar mucha mucha agua.

Salve, oh, bendita ranitidina

Empíricamente sabemos que consumir altas cantidades de alcohol es como desayunar petardos. Experimentalmente sabemos que el alcohol provoca un aumento de secreción de ácido clorhídrico (aunque a altas concentraciones la inhibe) y, lo más importante, una alteración de la barrera mucosa.

El estómago tiene una capa de moco alcalino que lo protege del ácido clorhídrico que él mismo produce. Si se altera esta barrera, se produce una irritación de la pared del estómago con el consiguiente desarrollo de una gastritis.

Se han hecho estudios en algunos voluntarios alcoholizados (no fue difícil encontrarlos) y se demostró que tras una intoxicación alcohólica aguda, presentaban una flor de gastritis. Básicamente, se realizaron endoscopías que mostraron una mucosa eritematosa, erosiones, petequias y exudado a las 6 horas siguientes en más del 80% de los casos.

Lo bueno fue que todos los cambios en la mucosa fueron reversibles en 7 a 20 días. Pero aguantarse ése dolor y malestar es otro tema.

En #dPyP te cuidamos

Si vas a tomar:

  • Comé siempre algo antes de empezar a tomar.
  • Hidratate bien. Antes, durante y después.
  • No mezcles alcohol con éxtasis. Esto aumenta el riesgo cardíaco y la deshidratación.
  • Si tenés problemas de salud –diabetes, hepatitis, asma, estás medicado o sufrís del corazón– tratá de no tomar alcohol.
  • Si estás embarazada o al cuidado de niños, no tomes alcohol.
  • No manejes

Si un amigo tomó de más:

  • No le permitas manejar.
  • Llevalo a un lugar tranquilo y ventilado.
  • Si se descompuso o se desmayó, ponelo de costado para que no se ahogue si vomita.
  • Aflojale la ropa, abrigalo.
  • No lo dejes solo.
  • Dale mucha agua.
  • Si está muy mal, llamá a emergencias.

Conclusiones

El alcohol, la droga más consumida y más socialmente aceptada, tiene muchos efectos adversos, llegando incluso a la muerte. Y eso que no mencionamos el hecho de los accidentes de tránsito o los problemas que puede generar la violencia desencadenada por el consumo excesivo de bebidas alcohólicas.

El debate es mucho más amplio y hay un trasfondo social muy complejo, pero a veces está bueno ver cómo construimos nuestras nociones morales y criticar los límites de ciertas normas preestablecidas socialmente. Sin dudas, es un debate que se debe aplicar a diferentes tipos de drogas recreativas.

A todos nos gusta tomar una birra con amigos, tomar algo tan característico como el Fernet o disfrutar de un vino. Lo importante es ser conscientes de lo que hacemos. Todo en su justa medida y ajustándose al contexto. Al fin y al cabo, el objetivo es pasarla bien.


Referencias:


 

Leonardo Sciarra

Vi luz y entré. Estudiante de medicina. Me gusta hablar boludeces en radio, pero sobre todo hablar de ciencia. Soy de San Nicolás, Buenos Aires.

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